Por Qué No Acumular Frases Vacías en la Oración

Jesús dijo que cuando oramos debemos «no acumular frases vacías» (Mateo 6:7).

Más tarde lamentó una forma hipócrita de adoración citando la acusación que vino por primera vez por Isaías: «Estas personas se acercan con su boca y me honran con sus labios, mientras que sus corazones están lejos de mí» (Isaías 29:13; Mateo 15:8).

Debemos ser tan cuidadosos cuando inclinamos la cabeza para orar, o alzamos la voz para cantar. Dios no se impresiona cuando pronunciamos meras palabras como «¡Alabado sea el Señor!» o «¡Aleluya!» Busca a los fieles cuyos espíritus (es decir, mentes, corazones y pensamientos) se dedican a expresar el significado de esas palabras (cf. Juan 4:23).

Es fácil recitar melódicamente letras de canciones cristianas, pero se necesita concentración, sinceridad y consideración para adorar verdaderamente en el canto. Nunca debemos escondernos detrás de palabras que suenan bien mientras nuestras mentes vagan a través de un conjunto de pensamientos sobre otra cosa.

Este es un desafío especial cuando otra persona nos está guiando en oración durante un servicio en la iglesia o en un estudio bíblico. Esas palabras que provienen de la que compone y vocaliza la oración deben hacerse eco en nuestra propia mente y luego dirigirse pensativamente a Dios desde nuestro propio corazón.

Cuando estamos dirigiendo en oración u orando en privado, debemos tener cuidado de nunca «acumular frases vacías» que nuestras mentes nunca agarran o que nuestros corazones nunca dirigen a Dios.

La oración real y la adoración real requieren nuestras mentes. No las apagues. No las dejes vagar. Dios merece toda nuestra atención y desea nuestra comunicación atenta.